Hetero, La Estilista y el Caballero Dragón

Capítulo 3: El compromiso real.

Una vez que terminaba de arreglar el cabello de Su Alteza, generalmente era libre para disfrutar el resto de mi día. En su mayor parte, mis servicios sólo eran necesarios por las mañanas y antes de acostarse, por lo que normalmente pasaba el tiempo entre una lluvia de ideas de nuevos peinados, buscando adornos para agregar a mi colección y observando en silencio los peinados de los nobles que visitaban el castillo para tomar nota de cualquier tendencia.

Ese día estaba en mis aposentos, bocetando un nuevo peinado, cuando un sirviente me llamó y me dijo que Su Alteza estaba preguntando por mí. Naturalmente, me dirigí al dormitorio real de la princesa de inmediato.

Allí, la encontré sentada a la mesa, bebiendo té con sus tres damas de compañía. Sin embargo, esta pequeña hora del té no era para nada alegre. La expresión de Patricia era una de miseria y sus damas luchaban por consolarla.

—Su Alteza, soy yo, Maina. ¿Me mandó a llamar?

—Oh, Maina… —Me miró lánguidamente y lanzó un suspiro. —Se decidió que me casaré con el príncipe de Vaxwald.

—Entonces ya es oficial.

Aunque las noticias aún no se habían dado a conocer al público general, era un secreto demasiado grande para ser guardado y el castillo hacía mucho tiempo que estaba lleno de emoción ante la perspectiva del matrimonio entre Patricia y el príncipe Darío de Vaxwald, El reino de los dragones. Se rumoreaba que la reciente visita de Darío a Miulan también era para hacer oficial el asunto.

Como simple estilista, yo no estaba al tanto de los detalles, pero ya lo veía venir. Como la menor de dos hijos, Patricia no heredaría el trono aquí; de hecho, su hermano mayor era el primero en la línea de sucesión. Por lo tanto, tenía mucho sentido que ella fuera utilizada como un peón para promover las relaciones amistosas entre nuestra nación y Vaxwald.

— ¿Debería felicitarla? Luce… abatida.

A los dieciséis y dieciocho años respectivamente, Patricia y Darío tenían una edad bastante cercana y, personalmente, me inclinaba a pensar que ella podría terminar mucho peor. Aun así, tal vez parte de ella había soñado con casarse por amor, no por política. De todos modos, como princesa, seguramente había sido criada para esperar este resultado desde una edad temprana.

—Quiero decir… Él es un humano dragón, —respondió Patricia, con el ceño fruncido. — ¿Qué pasa si encuentra a su pareja destinada después de casarnos?

Dudé por un momento.

—Bueno… Supongo que es una posibilidad. Para ser honesta, no estoy segura de cómo funciona todo eso.

—Le pregunté al respecto y él me prometió que si encontraba a su pareja destinada, no le dará ningún título especial ni trato preferencial. Dijo que eso no sería causa de divorcio… Pero incluso entonces, ¿quién sabe qué podría pasar? ¡Oh, tal vez abandonaría mi lado para ir a verla en secreto!

—Sí… No estoy segura de que realmente podamos entender lo que significa para un humano dragón el tener una pareja destinada.

—Pero no es sólo eso… Tengo miedo de casarme en una dinastía extranjera. Sí, hablamos el mismo idioma, pero todo su reino no está compuesto sólo de humanos dragón, ¡y su cultura es diferente a la nuestra!

—Eso es verdad… —Con la esperanza de inspirarle un poco de esperanza sobre el compromiso, continué en un tono más alegre. —Pero al menos, el príncipe Darío parece un buen hombre, ¿no? Sociable, encantador y generoso… ¡Y sólo piense, algún día será la reina de Vaxwald! ¡Eso es algo con lo que ningún plebeyo jamás podría soñar! ¿Qué más…? ¡Oh, ya sé! Seguramente le dejarán traer un séquito con usted, ¿verdad? ¿Sus sirvientes favoritos, tal vez?

—No… No se me permite, —respondió ella, frunciendo los labios. —Una vez que me case, todos mis sirvientes y guardaespaldas serán humanos dragón. No quieren muchos humanos en su castillo.

— ¿Por qué no la dejarían…? —Murmuré por lo bajo, aunque un momento después callé. Por supuesto que no lo permitirían. La gente de Vaxwald probablemente no sería receptiva a una princesa extranjera que se presentaba con todo un séquito.

Eché un vistazo a las damas de compañía de Patricia. Todas provenían de familias nobles, por lo que las posibilidades eran bajas de que se les permitiera abandonar el reino por un período de tiempo indefinido.

—Supongo que entonces no la peinaré para la boda, —suspiré. Tan decepcionada como estaba, no sentía deseos de ir a Vaxwald, así que estaba contenta de rendirme.

Pero Patricia me miró con una mirada firme, como un gato que se enfocaba en un ratón.

—Oh, me temo que no irás a ningún lado. Vienes conmigo a Vaxwald, —declaró.

Me quedé helada.

— ¿Cómo?

—Como profesión, los estilistas no son más comunes allí de lo que son aquí. Y como no tienen a nadie que te reemplace, me han otorgado un permiso especial para llevarte.

— ¿Qué…?

—Vendrás conmigo, ¿verdad, Maina?

Segundos antes, mi corazón estaba lleno de soledad pensando que estábamos destinadas a separarnos. Ahora no estaba segura de cómo sentirme en absoluto. ¿Yo? ¿Ir a Vaxwald?

Obviamente tenía el honor de ser elegida para acompañar a la princesa. Además, no me importaba viajar al extranjero; Estaba emocionada de aprender más sobre otras culturas. En general, parecía una oportunidad poco común: una oportunidad para perfeccionar mi oficio y adquirir nuevas habilidades.

Pero por mucho que quisiera aceptar de todo corazón, había una cosa que me detenía y, su nombre era Ray Alide.

—No me malinterprete, me encantaría ir con usted, —comencé vacilante, —pero como sabe, hay alguien en Vaxwald que preferiría evitar…

— ¡Sí, lo sé! ¡Pero sólo tendrás que aguantarlo! —Espetó Patricia. —Tienes que ir conmigo, Maina! De lo contrario, yo… ¡No tendré a nadie más a quien recurrir! —Su ira se convirtió en sollozos. —Casi no sé nada sobre el príncipe Darío y todo el castillo estará lleno de humanos dragón… ¡No sé en quién podría confiar! Necesito a alguien que se quede a mi lado. Sólo una persona, así podré sentirme segura. ¡Te necesito, Maina, porque sé que puedo confiar en ti!

Apreté mis puños. Ante mí estaba una niña de sólo dieciséis años, a la cual enviaban a un reino extranjero, lejos de todo lo que conocía y, esta estaba asustada. ¿Realmente iba a rechazarla sólo porque un sujeto que me abandonó también estaría allí? No, no había manera. No podría abandonarla.

Con mi decisión tomada, la miré a los ojos.

—Muy bien. Iré con usted a Vaxwa…

— ¡Oh, sabía que verías las cosas a mi manera! —Patricia exclamó con una sonrisa alegre, sin rastro de lágrimas. — ¡Gracias, Maina!

Mientras me daba un fuerte abrazo, me pregunté si debía estar orgullosa de la joven adulta en la que se estaba convirtiendo… O, lamentarme por la tonta crédula en la que yo me estaba convirtiendo.

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Decidí hacer que esta actualización también fuera doble como celebración por el estreno, pero desde la próxima semana comenzaré a publicar uno por semana.

1 comentario en “Capítulo 3: El compromiso real.”

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