Hetero, La Estilista y el Caballero Dragón

Capítulo 2: Humanos florales.

Cada mañana comenzaba mi día preparándome. Naturalmente, como estilista, esto implicaba asegurarse de que mi cabello estuviera en su punto, pero aquí en Miulan, no tenías que trabajar con cabello para preocuparte por este. En nuestra cultura, se esperaba que las mujeres dejaran crecer su cabello y lo usaran trenzado o atado. Y que el cielo te ayude si te ven en público con el cabello suelto; nada podría ser más vergonzoso.

Para las mujeres plebeyas sin rango o título, no estábamos obligadas a invertir demasiado tiempo en nuestros peinados, probablemente porque generalmente no teníamos tiempo de sobra. Podíamos simplemente atarlo en un moño y dejarlo así.

— ¿Qué debo hacer con mi cabello hoy…? —Murmuré mientras me encontraba de pie frente al espejo. Mis largos mechones de ébano descansaban sobre mis senos, brillantes por mi régimen diario de cuidado del cabello, las puntas se curvaban naturalmente hacia adentro. Para mí, mi cabello era mi orgullo y alegría.

—Lo trenzaré en un moño lateral, —decidí en voz alta y rápidamente me puse a ello.

Primero, peiné mi flequillo. A continuación, trencé una diadema sobre este. Un moño ordinario me daría una imagen rígida y práctica, lo cual no era lo que quería hoy. En cambio, tomé el resto de mi cabello y lo recogí en una trenza suelta que comenzaba en la coronilla de mi cabeza, luego tiré de cada sección para ampliarla. Por último, tomé el cabello que crecía por detrás de mi oreja derecha y lo recogí en un moño desordenado.

Había llegado el momento del toque final: un adorno para el cabello. Hoy elegí una mariposa plateada, colocada justo encima del moño. Incrustado en sus alas había piedras turquesas, imitando los patrones en forma de lámina de una mariposa real. Por supuesto no era nada tan elegante como unas joyas reales, pero coincidía con el color de mis ojos; así era como elegía casi todos mis adornos para el cabello. Después de todo, si hacía juego con mi cabello, no destacaría; por lo tanto, era más efectivo combinarlo con mis ojos o mi vestido.

—Perfecto. Ahora es el momento de otro día de trabajo duro.

Hace menos de veinticuatro horas me habían abandonado de manera espectacular y, sin embargo, ahora me encontraba sonriendo. Un lindo peinado nunca fallaba en ponerme de buen humor; Además de que mis sentimientos por Ray ya se habían desvanecido. Sólo conocía al hombre desde hacía cinco días, ni de lejos era suficiente como para constituir una angustia a gran escala. Al final, todo lo que se necesitó fue una noche de llanto y lo superé prontamente. Realmente me alegro de que este desastre sucediera antes de enamorarme por completo de él.

—Es hora de ir a ver a Su Alteza.

Y entonces dejé mis habitaciones y fui a reunirme con mi clienta, la princesa.

~❀❀❀~

—Buenos días, Su Alteza.

— ¡Buenos días, Maina!

Cuando llegué, Su Alteza, la princesa Patricia ya estaba usando una pequeña cantidad de maquillaje cuidadosamente aplicado por sus otras sirvientas. Ahora era mi turno de peinar su cabello. Luego, una vez que estuviera vestida, estaría lista para el ojo público.

— ¿Alguna petición especial para hoy? —Pregunté.

— ¡No! Sorpréndeme como siempre lo haces.

Ella todavía estaba en camisón. Me acerqué y liberé gentilmente sus mechones rubios de sus moños, dejándolos colgar naturalmente en su espalda. El cabello de esta longitud podría dañarse accidentalmente durante el sueño, lo que provocaría unos daños dolorosos. Por lo tanto, siempre le recogíamos el cabello en trenzas justo antes de acostarse.

Observé a las otras sirvientas mientras estas se dedicaban a seleccionar su ropa y accesorios para el día. Esto serviría como mi inspiración para su peinado.

—Maina, querida, ¿te sientes mejor? —Preguntó Patricia, dándome una mirada comprensiva en el espejo.

— ¿Se refiere a lo que pasó ayer? —Pregunté después de una pausa.

— ¡Es una pena! Ese hombre, Ray, ¿verdad? Realmente parecía del tipo honesto y fiel. Era el guardaespaldas del príncipe Darío, así que tuve la oportunidad de hablar con él en algunas ocasiones. Me pareció perfectamente sensato en ese momento… Cada vez que te mencionaba, ¡su sonrisa difícilmente podía ser contenida! ¿Fue realmente todo un acto?

—No lo sé. Tal vez, desde el principio todo fue un acto. O tal vez lo dijo en serio en ese momento, pero cambió de opinión más adelante. —Me encogí de hombros casualmente.

Ante esto, la expresión de Patricia se suavizó con alivio.

—Oh, estoy tan feliz de ver que no te ha golpeado demasiado fuerte.

—Bueno, anoche me hundió bastante, pero luego pensé: ni siquiera lo conozco lo suficiente como para amargarme por él.

— ¡Muy bien! Después de todo, sólo se conocían desde hace unos de días.

—Exactamente, —asentí. Mientras tanto, pasé los dedos por pequeñas secciones de su fino y delicado cabello. Por lo general, estas hebras se enredaban y se rompían rápidamente, pero con mi diligente cuidado, su ondulada melena se volvió gruesa, lustrosa y sedosa. Hoy, sin embargo, su cabello se sentía seco y quebradizo.

—Se siente como si la magia hubiera desaparecido nuevamente, Su Alteza. Voy a renovar el hechizo.

—Oh, sí, por favor hazlo. La diferencia es muy obvia cada vez que tu magia desaparece… Honestamente, no sé cómo podría vivir sin ti, Maina.

—Sólo me está adulando, —bromeé.

A decir verdad, no era realmente un hechizo, per se. Aunque nací con la habilidad, nunca había aprendido formalmente a usar magia. En cambio, a lo que me refería como un hechizo era en realidad sólo a dirigir mi maná hacia su cabello. Hacía esto pasando mis manos sobre sus ondas en secciones mientras me concentraba en silencio en mi deseo de hacerlo bonito.

Sí, sé lo que estás pensando, pero lo creas o no, esto realmente era ridículamente efectivo. Una vez impregnado de mi maná, sus mechones se volverían suaves y brillantes… pero sólo durante unos tres o cuatro días hasta que desapareciera, momento en el que tendría que repetir el proceso.

—Cuando haces esto, ¿realmente fortalece el cabello? —Preguntó Patricia.

—No, estoy bastante segura de que el maná sólo crea una especie de capa superior que se asienta sobre las hebras. Es por eso que desaparece después de unos días, —respondí mientras continuaba acariciando su cabello.

Ella hizo contacto visual conmigo a través del espejo.

—Y todos los humanos florales nacen con maná, ¿verdad?

—Bueno, no he hecho ninguna investigación sobre el tema, pero creo que sí.

Ahora te estarás preguntando: ¿Qué son los humanos florales?

Los humanos florales eran una raza descendiente de la unión entre humanos y hadas de las flores y, como sucede, yo era una de esos individuos. Naturalmente, esto significaba que mis ancestros lejanos eran hadas de las flores. Dicho esto, nosotros, los humanos florales, realmente no nos veíamos diferentes de los humanos comunes. Tal vez tendíamos a ser pequeños o delgados, pero eso era todo.

También había otras diferencias menores. Por ejemplo, nacíamos con maná en nuestros cuerpos, mientras que los humanos no; éramos un poco más sensibles a las bajas temperaturas; generalmente nos gustaban las cosas elegantes o bonitas; y la lista continuaba. Quién sabe, tal vez esa última fuera parte de lo que me atrajo a mi trabajo como estilista.

—Mis padres eran los únicos otros humanos florales que conocí a medida que crecía y, nos asimilamos completamente a la cultura humana local, así que… Realmente no me siento como una humana floral, si es que eso tiene sentido.

—Ciertamente no pareces diferente de un humano normal… ¡En el buen sentido, por supuesto! Es verdad que eres la única humana floral que he conocido, pero en la ficción todos son representados como vanidosos, volubles e interesados. Tú, por otro lado, no eres nada de eso.

Sonreí tímidamente.

—Al igual que con las flores reales, estoy segura de que también hay diferentes tipos de humanos florales. Tal vez sólo soy una flor más pequeña y modesta.

—Puede que no seas tan llamativa como una rosa o un girasol, pero estoy segura de que eres igual de hermosa.

—Gracias, Su Alteza. —Aprecié escuchar esto, considerando que ella era muy parecida a un hada de las flores.

Para el registro, nuestro mundo tenía muchas otras razas además de los humanos florales. Por ejemplo, los humanos dragón eran una de esas razas. También conocidos como seres celestiales, los humanos dragón descendían de dragones. También estaban los humanos marinos, descendientes de las sirenas, los seres arbolares, descendientes de los espíritus de los árboles y los seres de sombra, descendientes de los demonios. Los humanos eran bastante promiscuos…

Debido a que los humanos florales y los humanos marinos en particular tenían una larga historia de engendrar hijos con humanos, la mayoría de los rasgos de hadas y sirenas habían desaparecido y, nuestra capacidad de maná innato había disminuido en consecuencia. En contraste, los seres arbolares y los seres de sombra tenían linajes relativamente puros y, de la misma manera, sus niveles de maná eran mucho más altos. Los humanos dragón, por otro lado, se encontraban en el medio y podían tomar forma humana y de dragón a voluntad.

Sin embargo, en su mayoría, los humanos eran la especie dominante, seguidos por los humanos dragón, quienes tenían una nación entera para ellos. No sabía exactamente qué tan grandes eran las otras cuatro razas, pero apostaría a que eran pequeñas.

—Ahí vamos… Ahora su cabello vuelva a estar bonito y brillante.

Los pálidos rayos del sol de la mañana hacían brillar las ondas de Patricia como el océano mismo. No debería mirarlos directamente por mucho tiempo, no fuera que me quedara fascinada mirando.

Patricia se miró en el espejo y sonrió orgullosa.

—Sabes, solía odiar tener que lidiar con mi cabello ondulado todos los días, pero gracias a ti, ahora me encanta. ¡Te conservaré por mucho, mucho tiempo!

—Gracias, Su Alteza. Para ser justas, estoy segura de que cualquiera podría hacer lo mismo que yo, siempre que tenga maná y un profundo amor por el cabello.

—Sí, bueno, ese amor por el cabello no es tan común como podrías pensar. La mayoría de la gente no es tan dedicada como tú, —dijo Patricia riendo.

—Ah, claro… Por supuesto.

Francamente, no estaba segura de si eso se suponía que fuera un cumplido.

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