Espada y Vestido, Hetero

Capítulo 4: Parfait de chocolate. Parte 4

Independientemente de tus antecedentes, aquellos que formaban un contrato con un demonio serían exiliados sin excepción. Dado que la mayoría de los contratos, a excepción de unos pocos, se hacían cuando ambas partes llegaban a un acuerdo mutuo. Y era debido a esto que antes de poder reunirme con la suma sacerdotisa tenía que tener cuidado cada vez que hablase para evitar hablar demás.

— ¿Sabe la iglesia sobre este hecho?

—La suma sacerdotisa lo sabe. Los demonios que me tomaron como sacrificio ya están muertos, es por eso que me aceptaron.

—Ya veo.

Si había matado al demonio culpable, no era extraño que la iglesia lo aceptara. Suspiré por segunda vez y extendí mi mano hacia la cabeza del capitán Julius. Tuve que ponerme de puntitas para poder acariciar su aún húmedo cabello.

—Ha hecho un muy buen trabajo. El capitán Julius hizo todo lo posible para sobrevivir.

La miseria del capitán también era resultado de la negligencia de los paladines. A pesar de que para aquella época no formaba parte de los paladines, ni siquiera había nacido todavía, eso no quitaba que me sintiera culpable. Al mismo tiempo que me sentía orgullosa por sus logros, sabía que no tenía derecho a sentirme de esa manera. Había podido regresar a salvo y eso era verdaderamente impresionante. Si tan sólo estuviera en mi cuerpo original, le habría dado un cálido abrazo y unas palmaditas en la espalda. Era una lástima que eso ya no fuera posible.

~❀❀❀~

Cuando me desperté, me di cuenta que la habitación estaba bastante oscura, sólo iluminaba por un pequeño rayo de luz que provenía del exterior. A juzgar por lo luminoso que era esta época del año, suponía que todavía serían cerca de las cinco de la mañana. Inicialmente tenía planeado volver a casa para la hora de la cena después de tomar una pequeña siesta, pero, sin que me diera cuenta, ya había pasado un día entero. Volteé la cabeza hacia el otro lado y vi el rostro durmiente de un hombre de cabello azabache, dormía apaciblemente, sin preocupaciones por lo que sucedía en el mundo exterior. Parecía que estaba realmente cansado. Me quedé mirándolo en medio de este tranquilo silencio.

Lucía como un niño inocente mientras dormía.

Si bien no era rival para mí en términos de belleza, el capitán Julius seguía siendo atractivo. Para ser honesta, mi rostro era incomparable, pero el suyo también estaba por encima del promedio. Mmm, aunque no estaba del todo segura, mis cálculos deberían ser acertados. Después de mirarlo por un buen rato, estiré mi mano para jugar con su cabello. El sonido que emitió cuando mi mano tocó sus ya secos cabellos y la sensación cálida que se extendió por mis dedos al tocar su cuero cabelludo, me hicieron sentir feliz.

¿Qué tal si duermo un poco más antes de levantarme?

Parecía que el capitán Julius no se despertaría en un rato. Después de pensar en lo que debía hacer, decidí dormirme nuevamente mientras mi mano seguía en la cabeza del capitán Julius.

Ya había descansado lo suficiente, pero después de dormirme por segunda vez, los rayos mañaneros comenzaron a iluminar la habitación. Cerca de la hora en que el sol se había alzado por completo, alguien llamó a la puerta.

— ¡Adelante!

Mientras le respondía a la persona que llamaba a la puerta, el capitán Julius abrió los ojos. Mientras enderezaba la parte superior de su cuerpo, su rostro no parecía el de alguien que acabara de despertarse. Al mismo tiempo, la puerta fue abierta. Quien entró no era otro más que Clauen. Me miró a mí, todavía acostada y al capitán Julius, sentado en la cama. Después de eso sólo suspiró.

—Quiero preguntarles si quieren desayunar ahora…

—Oh, tengo hambre.

Me senté rápidamente. Daba la casualidad de que yo también me sentía hambrienta en estos momentos. El capitán Julius asintió con la cabeza en concordancia. Después de que Clauen viera nuestra respuesta, volvió a suspirar por segunda vez. ¿Le había pasado algo malo anoche? ¿Por qué lucía como si estuviera al borde de las lágrimas?

—Prepararé el desayuno de inmediato. Y, por cierto, tienen un mensaje del cuartel de la unidad de fuerzas especiales. El asistente Ortzen me pidió que se los comunicara. Deben volver al cuartel después de que se levanten. Los dos.

¿Yo también? Incluso si no quisiera ir, no podría negarme, ¿verdad? Después de que Clauen saliera de la habitación, el capitán y yo nos miramos fijamente aún sentados en la cama. Mmm, entonces…

— ¿Durmió bien, capitán Julius?

Tenía que saludarlo así. Aunque, por lo general, eran los demás quienes me hacían esa pregunta, todo lo contrario de la situación actual. Era extraño cuando era yo quien tenía que decirlo primero. Después de convertirme en el capitán de los paladines, rara vez me encontraba con alguien con un rango mayor que yo por las mañanas.

El capitán también parecía incómodo mientras respondía.

—Dormí bien. ¿Y usted, dama?

—Yo también. Además, esta cama es bastante cómoda.

La habitación de huéspedes de aquí era muchísimo mejor que mi cuarto en la residencia del conde. Bueno, estaba dispuesta a apostar que mi habitación la única en mal estado en esa mansión. Los aposentos del conde y la condesa debían ser bastante extravagantes.

—Siento que no dormía tan bien en mucho tiempo.

—Mm. Yo también me siento así.

Los dos habíamos dormido bien. Unos momentos después, Clauen apareció, trayendo consigo una bandeja llena de comida para el desayuno. No venía solo, unas cuantas sirvientas lo seguían. Rápidamente, la mesa en la habitación fue cubierta con diferentes alimentos.

—Disfruten la comida. Después tenemos que regresar al cuartel tan rápido como sea posible. Prepararé ropa limpia para que los dos se cambien.

— ¿También prepararás mi ropa?

Clauen frunció el ceño al escuchar mi pregunta.

— ¿La dama cree que desatendería a la prometida del capitán?

Oh… Parecía que cada vez que visitara el cuartel de la unidad de fuerzas especiales sería capaz de obtener un vestido nuevo. A pesar de que este mocoso a menudo experimentaba extremos cambios de humor, nos había preparado una comida deliciosa y me había regalado un bonito vestido. Además, también me había dado una silla de montar para mujeres. Necesitaba llevármela en secreto cuando regresara a casa más tarde.

~❀❀❀~

— ¡Asistente Ortzen!

Tan pronto como llegamos al cuartel de la unidad de fuerzas especiales, el mocoso idiota continuó con sus gritos. ¿Es que no se cansaba de gritar sin parar desde ayer? El asistente Ortzen ignoró los gritos de Clauen, mientras hojeaba los documentos en sus manos y levantaba la vista para mirarnos.

— ¿Ya regresó, capitán? Bienvenida de nuevo, dama Epheria.

— ¡Señor, por favor escuche lo que tengo que decir, no me ignore!

Una vez más, ese mocoso de Clauen volvió a gritar y finalmente la mirada el ayudante Ortzen posó su mirada en él.

— ¿Qué sucede?

—El capitán y esa mujer… ¡han causado un gran problema!

El capitán Julius y yo inclinamos la cabeza, mirándolo confundidos. ¿Qué habíamos hecho? Aunque creía que me estaba comportando mucho mejor que antes. Quizás era un problema relacionado con la irrupción del capitán en la residencia del conde, pero eso lo había hecho por su cuenta. ¡No era mi culpa! El asistente Ortzen miró indiferente a Clauen y asomó la cabeza para mirarme.

—Por favor, perdone el comportamiento grosero de Clauen.

—Oh, está bien. Ya sabía que era un poco raro.

Si su naturaleza era tal como parecía, ¿qué más se le podría hacer? Como la persona normal y sensata que era, me veía obligada a ser generosa.

Mis palabras hicieron que Clauen se exacerbara. Me fulminó con la mirada antes de seguir molestando a Ortzen con sus quejas.

—Ayer, los detuve cuando estaban a punto de entrar juntos a un hotel para así evitar crear rumores innecesarios, pero… ¡al final todo fue en vano! ¡Además de que cuando vinieron a mi casa durmieron en la misma cama!

¿Qué tonterías estaba soltando? ¡Había sido él quien se había retractado de prestarnos dos habitaciones y nos había obligado a dormir en la misma cama! ¿No sólo era un tacaño, sino que ahora quería difamarnos? Decidí no permanecer más en silencio, pero el asistente Ortzen estaba un paso por delante de mí. Chasqueó la lengua y dijo:

— ¿Lo investigaste a fondo?

— ¡Le pregunté al capitán si es que había cogido a esa mujer!

—No debiste preguntárselo de esa manera.

El asistente Ortzen nos miró.

— ¿Tuvieron sexo?

—No.

Respondimos al mismo tiempo. Ya sin mencionar el matrimonio, ni siquiera nos habíamos comprometido formalmente aún. ¿Qué clase de tontería era esa? Además, este compromiso era falso, ¿por qué tendríamos que ir tan lejos como para tener sexo?

El asistente Ortzen miró inexpresivamente a Clauen como si estuviera diciendo ¿escuchaste eso?

Clauen se tiró del cabello.

—Capitán… sobre ese asunto… ¿no debería entender a qué me refería?

—Ya deberías de habértelo esperado.

No entendía la conversación entre Clauen y Ortzen. Tiré del brazo del capitán Julius a mi lado y le susurré.

— ¿Qué están haciendo ahora? ¿Por qué preguntaron si es que tuvimos sexo?

—Yo tampoco lo sé.

Resultaba que el capitán Julius tampoco sabía qué sucedía con ellos. Eso me tranquilizaba un poco.

Clauen, platicando sobre algo de lo que no tenía idea, me lanzó una mirada quisquillosa.

—Si bien es verdad que el capitán es lento, la dama Epheria sólo pretendió no entender a lo que me refería, ¡¿verdad?!

¿Qué quería decir?

Ortzen le dio unas palmaditas en el hombro a Clauen, quien sentía que se preocupaba por nada.

—Creo que tampoco podemos esperar mucho de la dama Epheria en esa materia.

— ¿Qué? ¡¿Eso siquiera tiene sentido?! ¡Aun así, me niego a aceptar este matrimonio!

Clauen exclamó su negativa mientras saltaba en su lugar. Mientras tanto, el capitán Julius y yo sólo podíamos mirar en silencio. Honestamente, ¿qué le pasaba? ¿No sabía ya que este compromiso era falso?

— ¡Una mujer ladina sería mucho mejor! ¡Si se convierten en pareja, puede que lo arruinen todo!

¿Me estaba insultando? Fruncí el ceño mientras estiraba sigilosamente mi mano hacia Calitus que colgaba de la cintura del capitán Julius. El capitán miró hacia abajo y vio lo que intentaba hacer, pero no trató de impedirlo. Eso significaba que podría golpear a ese mocoso tonto hasta que entrara en razón, ¿verdad?

—De hecho, esa clase de muje…

Ese mocoso idiota cerró la boca tan pronto como escuchó el sonido de una espada siendo desenvainada. Miró a Calitus en mi mano con sus sorprendidos ojos de conejo.

— ¡¿Po-Por qué esa mujer está empuñando esa espada…?!

—Porque me has insultado. Te desafío a un duelo. ¡Desenvaina tu espada ahora mismo!

— ¡¿Qué tipo de duelo se podría tener contra una dama aristócrata?!

—Hombres, mujeres, ancianos e, incluso niños son iguales ante una espada.

Bueno, obviamente exageraba. A pesar de que me había enfrentado a hombres y mujeres, nunca había apuntado mi espada contra un niño. No tenía intenciones de retractarme y mis acciones le indicaban que se callara y desenvainara su espada. Clauen se ocultó lentamente detrás de Ortzen.

El asistente sólo suspiró y agitó unos documentos que tenía en sus manos.

—Ya dejemos este asunto. Ahora tenemos que hablar sobre el principal problema entre manos. Recibí una queja de la residencia del conde con respecto al alboroto de ayer.

Técnicamente, era de esperarse que presentaran una queja. No obstante…

—Ya había acordado un encuentro con el capitán Julius de antemano, pero los guardias de la familia del conde intentaron evitar que se concretara. La verdad es que fueron ellos quienes se comportaron groseramente en primer lugar.

—Bien. Manejaré este desastre basado en la declaración de la dama. Pero, tal vez la dama se encuentre con algunos problemas en el proceso.

—A lo sumo, sería regañada durante el día. Por la noche… bueno… eso era algo que ya estaba destinado a pasar.

Incluso sin este incidente, esos visitantes inesperados vendrían de todos modos.

— ¿Eso no es peligroso?

—No pasa nada. No habrá ningún peligro. ¿No está de acuerdo, capitán Julius?

Después de que dijera aquello, sus ojos grises reflejaron mi rostro y el capitán asintió con la cabeza.

—La dama Epheria estará bien.

— ¿Ves? ¡El capitán Julius también dice que estaré bien! El asistente Ortzen no tiene nada de qué preocuparse.

—Si el capitán lo dice… Entonces todo debería estar en orden, ¿verdad?

El asistente Ortzen parecía un poco reacio, pero decidió no hacer más comentarios y dejar los documentos sobre la mesa. Después, tomó un sobre envuelto con lazos dorados. En el momento en que lo vi, me vino a la mente algo que ya había olvidado.

— ¡Oh, cierto! En cuatro días… Ugh… En realidad ya quedan sólo dos días… habrá un banquete organizado en la residencia del conde… Pero no estoy segura de sí también le enviarán una invitación al capitán Julius o no.

—Un banquete organizado por la familia Epheria es ciertamente interesante, pero ese día tendrán que asistir a otro banquete.

— ¿A otro banquete?

—Sí.

El asistente Ortzen sonrió levemente.

—Será en este banquete donde el capitán de la unidad de fuerzas especiales, Julius Rizar, presente oficialmente a su prometida. Este banquete será organizado por la primera princesa imperial, la princesa Aranea.

La imagen de una mujer pelirroja apareció en mi mente. Oh, ¿esa princesa estricta…? Aah, no éramos muy compatibles.

— ¿De verdad tengo que ir?

—Por supuesto. La dama debe ir.

Maldita sea… Si ese banquete se celebraba el mismo día que el del conde Epheria, ¡eso significaba que el tiempo que me quedaba para prepararme eran menos de dos días! La sola idea de tener que memorizar la parte femenina de la danza y de tener que aprender la etiqueta para un banquete en sólo dos días era suficiente para que me estallara la cabeza. De nuevo me vería privada del sueño.

El asistente Ortzen agarró al capitán Julius para que no pudiera escapar y le ordenó a Clauen que me escoltara de regreso a casa. Todavía recordaba claramente esos ojos grises que me miraron desesperadamente después de escuchar que Ortzen le decía que el capitán ya no tenía ninguna razón para escapar. Me sentía mal por él… Bueno, pero mi situación no era mejor. Para ser honesta, todo esto había sucedido por mi culpa. Lo siento mucho, capitán Julius. Pero esta era la forma más rápida y segura para reunirme con la suma sacerdotisa. Me sentía sumamente culpable.

Desde ahora lo trataría mejor.

Invitaría al capitán Julius a comer después de que me apoderara de las riquezas de la familia Epheria. Justo después de decidir esto, Clauen, quien caminaba a mi lado, comenzó a hablar.

—Dama Epheria.

— ¿Sí?

—Ya escuché que el compromiso es falso, pero siendo honesto, creo que eso es una mentira.

Ahora que lo pensaba, su actitud cambiaba drásticamente cuando nos encontrábamos a solas. Además, parecía que nuestras edades no eran tan lejanas.

—Aunque el compromiso sí es falso.

—Sin embargo, resultaría más ventajoso que la dama Epheria no cancelara el compromiso, —con una mirada de desdén, Clauen siguió hablando. —Si la condesa fuera declarada culpable, la dama se convertiría en un noble caído. Si bien ya ha expresado sus intenciones de unirse a la iglesia… Siendo honesto, para una mujer, convertirse en la esposa del capitán sería muchísimo mejor que ser una clériga, ¿no?

Me había quedado conmocionada al escuchar lo que acababa de decir. ¿Qué? ¡¿No sería capaz de tomar el control de la familia Epheria?! Pensándolo bien, lo que decía era cierto. Incluso si me encontraban inocente, el título y las riquezas de la familia Epheria serían confiscados porque este era un asunto de rebelión.

—Si por casualidad la familia del conde escapara del castigo, según tengo entendido, no hay nadie en esa familia que la trate bien. Es poco probable que la dama encuentre un prometido mejor que nuestro capitán. Por el contrario, es probable que traten de librarse de usted casándola con algún secuaz de la condesa. Como pasó con el vizconde Schwartz.

¡Aah! ¡Maldita sea! ¿Debería comenzar a recoger cosas de valor de la mansión desde ahora? Realmente no entendía sobre estos asuntos relacionados con los nobles… Pienso que debería consultarlo con el asistente Ortzen. No esperaba mucho. Por lo menos quería ser capaz de comprar una casa. Mm, ¿la familia imperial es la única con derecho a confiscar las propiedades? ¿No podrían ser donadas a la iglesia?

— ¿Dama Epheria…?

— ¿Eh?

— ¿Me está escuchando?

— ¡Sí, estoy escuchando!

Pensaba que me volvería asquerosamente rica después de que se resolviera este problema, pero ahora estaba arruinada. ¿Es que la Diosa deseaba que regresara a ser una clériga? Me había unido a la iglesia cuando sólo era una niña y le había dedicado toda mi vida. Eso debería ser suficiente, ¿verdad? ¡La Diosa estaba siendo demasiada dura conmigo!

—No lo creo…

—Ya dije que te que estaba escuchando, asistente.

— ¡¿Ve?! ¡No me está escuchando!

¡Ah! Había respondido inconscientemente. Miré a Clauen con una expresión de culpabilidad.

—Estaba pensando en otra cosa.

— ¡Por favor escuche cuando le hablan!

—Bien, bien. Te escucharé.

— ¿Hasta dónde me escuchó?

—Hasta la parte en que dijiste que me convertiría en un noble caído.

—En resumen, sería más beneficioso que la dama Epheria permaneciera comprometida con el capitán. Y, por lo tanto, estaba pensando que aunque la dama dijo que el compromiso era falso, en realidad sus intenciones podrían ser otras.

Lo que decía tenía sentido. Si no me reincorporaba a la iglesia, ser la esposa del capitán sería muchísimo mejor que ser un noble caído arruinado. Además, también tenían a una talentosa chef capaz de cocinar deliciosos postres en el cuartel de la unidad de fuerzas especiales. Aaah… Eso sonaba como un excelente plan.

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2 comentarios en “Capítulo 4: Parfait de chocolate. Parte 4”

  1. Primero lo primero, que viene a ser agradecerte por el gran trabajo que estás haciendo desinteresadamente al traducir la novela, me has alegrado el verano al descubrir que esta y “Ten cuidado con la villana” estaban siendo traducidas. No es que no me gusten la versiones manhwa, pero no hay nada como poder leer las novelas, así que estoy que doy saltos de alegría. Por eso, muchas gracias, y nos vemos por aquí en los próximos capítulos.

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