Espada y Vestido, Hetero

Capítulo 3: La Unidad de Fuerzas Especiales. Parte 2

—Sí. Todos los meses el capitán Julius recibe la bendición de la suma sacerdotisa, ¿verdad?

Todos los líderes de cualquier compañía de caballeros, la familia imperial, incluido el emperador y todos los altos funcionarios recibían una bendición mensual de la suma sacerdotisa. Esto se hacía como prevención contra cualquier calamidad, como la maldición que le habían lanzado al príncipe heredero. El príncipe heredero había estado recibiendo sus bendiciones con puntualidad, pero se creó vació cuando tuvo que ir hasta otro reino por un viaje diplomático… ¿Podría ser que eso no fuera una coincidencia? Pero no creo que la familia del conde tenga tanto poder como para preparar todo eso.

—Así es.

El capitán Julius respondió brevemente.

—Por favor lléveme con usted cuando vaya a recibir la bendición. ¡Sólo una vez es suficiente!

—Muy bi…

— ¡Esperen!

El asistente se apresuró en evitar que el capitán Julius diera su respuesta. ¡Tsk! Que molesto es.

— ¡No puede simplemente llevar a una completa extraña a que vea a la suma sacerdotisa!

— ¿De Verdad?

— ¡Sí! ¡Le ruego que lo tenga siempre en cuenta!

Tanto yo como el capitán Julius miramos al asistente con la misma expresión. Sé que es su deber recordarle las reglas al capitán, pero ¿no podría decirlo sin regañar? Entonces, ¿estaría bien siempre y cuando el capitán y yo no fuéramos extraños?

—Entonces, capitán Julius, ¡casémonos!

— ¿Eh…?

— ¿Qué…?

—Ah, ¿el matrimonio es demasiado? ¿Qué tal un compromiso? De todos modos mi prometido está muerto y así el capitán lo tendría más fácil para entrometerse en los asuntos del conde. Yo soy la única descendiente legítima de la familia Epheria, por lo que mi prometido sería el próximo conde Epheria.

Esta era una solución en la que todos ganábamos. Al hacer esto, podría reunirme con la suma sacerdotisa y el capitán Julius podría lidiar legalmente con la familia del conde.

—Pero…

El asistente comenzó a hablar mientras me miraba con una expresión de desconcierto.

—Señorita, ¿está segura? Su reputación se verá afectada si se compromete de nuevo cuando ha pasado tan poco tiempo desde que falleció su último prometido.

—Bueno, realmente no me importa. De todos modos, planeó unirme a la iglesia, así que por mí está bien. A menos de que haya un impedimento de parte del capitán. Como que ya tenga una prometida…

Al escuchar mis palabras, el asistente sólo suspiró.

—No tiene, pero…

—Entonces, comprometámonos.

De ser posible, quisiera encontrarme con la suma sacerdotisa para finales de este mes. Los miré entusiasmadamente, instándolos a aceptar. Un compromiso falso como este sólo sería desfavorable para la mujer, el hombre no percibiría problemas, por lo que debería estar bien. El capitán Julius se quedó en silencio, a pesar de que había estado de acuerdo con todas mis demandas hasta ahora. Observé sus reacciones y puse los ojos en blanco. ¿No era posible? ¿Comprometerse realmente era demasiado?

— ¿Qué piensa, capitán?

Después de un rato, el asistente se volteó hacia el capitán Julius y le pidió su opinión.

—Es cierto que es una buena idea. Levantarían la guardia, pero si nos quedamos sin opciones simplemente podríamos matar al actual conde y colocar al capitán Julius en el puesto del nuevo conde.

Sus pálidos ojos grises me miraron sospechosamente.

—Bueno, no me molesta la idea…

Si esta de acuerdo, entonces todo está bien.

—Entonces, está decidido. Mm… ¿Señor asistente?

Pensándolo, no había escuchado su nombre. El asistente también pareció darse cuenta y dijo, me llamo Ortzen Verzena.

¿Eh? ¿Dónde lo había escuchado? El nombre me sonaba familiar. Emm… Mmm…

— ¿El demonio de Sicalos?

—Eso ya está en el pasado.

Oh… mmm…

—Creo haber escuchado que Ortzen Verzena había sido condenado a muerte.

—Tuve la suerte de poder conservar mi vida. Pero a cambio, me está estrictamente prohibido abandonar el cuartel de la unidad de fuerzas especiales, así que podría considerarse como un arresto domiciliario de por vida.

Obviamente él todavía conservaba su cabeza pagada a su cuerpo debido a la benevolencia de Su Majestad, pero aun así, ¿estaba eso realmente bien?

Miré al asistente de la unidad de fuerzas especiales como si estuviera tratando de escudriñarlo. Inicialmente había pensado que tendría alrededor de mi edad, es decir, mi edad original, pero los motines en Sicalos habían ocurrido hace más de diez años, por lo que debería estar rondando los cuarenta.

—Se ve bastante joven.

—Todo el mundo dice eso.

—Oh, ya veo.

Pero, ¿estaba realmente bien dejarlo así? Tenía permiso para vivir en el palacio, pero eso no me tranquilizaba para nada. Ortzen pareció adivinar lo que estaba pensando porque sonrió levemente y preguntó ¿tiene miedo, señorita?

— ¿Qué…?

En un abrir y cerrar de ojos, sentí como la ira me embargaba. ¿Yo, asustada? ¿Realmente le había preguntado a un paladín si tenía miedo? Sabía que lo había preguntado porque no tenía idea de quien era yo en realidad, pero no por eso su pregunta dejaba de molestarme. Preguntarle descaradamente a un paladín si tenía miedo era lo mismo que insultarlo. Eso se debía a que era como si cuestionaran nuestra fe en la Diosa. También podía interpretarse como si estuvieran desafiando a los paladines, quienes eran las espadas de la Diosa.

Miré a Ortzen sin tratar de ocultar mi hostilidad.

— ¿Estás tratando de provocarme?

Traté de decirlo en un tono más tranquilo, pero hablé bruscamente de manera inconsciente.

Esto tomó a Ortzen por sorpresa y tosió para aclararse la garganta.

—Ugh… Me alteré un poco al escuchar algo que me desagradó. En todo caso, no tengo ninguna razón para temerle.

—Bueno, eso es verdad. La señorita es una mujer valiente capaz de perseguir fieramente a Clauen.

El asistente Ortzen levantó la mano y continuó hablando.

—Entonces, primero la señorita necesita tomar un baño.

¿Ah? Sus ojos rojos me miraron de pies a cabeza.

—También necesita cambiarse de ropa. Si la señorita va a actuar como la prometida del capitán, deberá asegurarse de no manchar su reputación.

Al escuchar sus palabras, bajé la mirada para mirar mi ropa… ¿Por qué no intentaba estar en la cárcel por un par de días? ¡Dudaba que pudiera mantener su impecable apariencia después de eso! Al menos me había cambiado de ropa una vez y me había lavado la cara. No obstante, seguí la sugerencia de Ortzen porque había pasado bastante tiempo desde la última vez que había tomado un baño.

Generalmente había un gran baño comunal dentro de los cuarteles de los caballeros. Eso se debía a que sería demasiado problema esperar a que te tocara tu turno si utilizaban un baño personal. Un escuadrón consistía normalmente de un mínimo de treinta personas. Si tomaran baños por separado, se necesitarían de treinta baños, treinta bañeras y al menos treinta sirvientes para traer el agua caliente. Demás estaba decir que los caballeros no podían simplemente ir a casa cubiertos de lodo e incluso sangre y que por eso usaban un baño comunal. Sin embargo, yo me bañaba por separado por ser una de las dos caballeras femeninas entre los paladines.

En otras palabras, esta era la primera vez que entraba en un baño comunal.

Mmm… este lugar es genial.

Sumergí mi cuerpo dentro de la gran bañera mientras miraba el techo cupular. La altura del techo era de unos dos a tres pisos de altura para que el vapor del agua no hiciera que el baño se tornara neblinoso. Solía ​​sentirme sofocada por el vapor cada vez que usaba un baño personal.

—Es realmente extravagante.

Mientras miraba los alrededores del amplio baño que estaba ocupando yo sola, solté una ligera risa. Al principio, Ortzen me había guiado hasta un baño personal, pero cuando le dije que quería probar el baño comunal, aceptó rápidamente mi petición. No es de sorprender de una unidad asociada con la familia imperial. Debido a la humilde vida que llevaban los paladines, no podías hacer una petición como es ni siquiera como una broma.

Aah… Después de esto comenzaba a dudar sobre revivir mis días como clériga.

Apoyé mi cuerpo en el borde de la bañera y dejé escapar un suspiro. No necesariamente necesitaba convertirme en clériga si seguía al capitán Julius para reunirme con la suma sacerdotisa. Además de que si mis planes tenían éxito, sería capaz de obtener la fortuna de la casa Epheria. Aunque había vivido toda mi vida dentro de la iglesia, eso no significaba que nunca deseara una vida lujosa. Si tuviera dinero, quisiera comprar comida deliciosa y… mmm…

— ¿Es verdad eso que dice la gente de que sólo los derrochadores saben cómo gastar su dinero?

Mmm, ¿qué debería hacer si lograba tomar el control de la familia Epheria? Primero donaría la mitad de mi fortuna a la iglesia y me desharía del despilfarre de dinero que era esa mansión y me compraría una casa modesta. Seguidamente construiría un establo para caballos y obtendría un perro mascota… ¿Mm? ¡Espera un momento! ¿Qué haría por el resto de mi vida si no me convertía en caballero? No estaría tan confundida si hubiese intentado otros trabajos antes. Además de que no estaba hecha para la vida hogareña.

Además de ser un paladín, ¿qué otro tipo de trabajos podría obtener? ¿Agricultora? ¿Cazadora? ¿Comerciante?

¿Qué podría hacer…? Nah, como sea. Si hay voluntad, se encontrará una manera. No estaba acostumbrada a usar mi cerebro, siempre prefería usar mi cuerpo. Para ser más precisos… ¿qué es lo que realmente quería hacer?

—Ah… tampoco tengo idea.

Bueno, me tomaré mi tiempo para pensar en mi futuro.

¡Splash!

Salpiqué algo de agua cuando salí de la bañera. Todavía me sentía rara cada vez que mi largo cabello se mojaba y se me pegaba a la espalda. Desde que tenía nueve o diez años, siempre mantenía mi cabello corto, pero ahora… cada uno de mis pasos eran seguidos de gotas de agua que caían desde mi cuerpo al piso. Detuve mis pasos e incliné la cabeza para observar mi cuerpo actual.

Este cuerpo mío actual era delgado, pequeño y delicado. Mi piel era suave e impoluta. El único punto negativo era que este cuerpo era demasiado delgado, pero si se le agregaba un poco de grasa, este cuerpo se volvería atractivo.

Pero seguiría sin ser lo suficientemente útil.

Aunque había tratado de entrenar, la complexión de este cuerpo era demasiado débil y demasiado pequeña. Aah… ¿Cómo se supone que regrese a mi trabajo original con este cuerpo? Me puse la bata de baño que me habían preparado y salí del baño.

Fuera del baño comunal había una habitación que servía como vestuario. Tenía un par de bancos largos y algunas sillas plegables. El asistente Ortzen había dicho que me traería un vestido nuevo para que me cambiara, pero parecía que aún no había llegado. Me senté al borde de un sofá mientras secaba mi cabello con una gran toalla que habían dejado allí. En ese momento se abrió la puerta y entró el capitán Julius. Agité mi mano derecha para saludarlo.

—Gracias por dejarme usar el baño comunal. Fue muy satisfactorio.

— ¿Ortzen no ha llegado todavía?

Escuché algunos pasos acercarse, así que levanté la cabeza para ver que el capitán Julius se encontraba parado cerca de mi asiento. Se había cambiado el uniforme por unas ropas negras más casuales. Y… en sus manos, ¿eso era… pudín? Traía consigo un pequeño plato de pudín cubierto con jarabe de caramelo y unas bolas de chocolate a su alrededor.

¿Lo había traído para mí?

¡Amo el pudín! Me gustan todos los postres dulces. Cuando vivía en de la iglesia sólo podía comer este tipo de postres cuando las damas me los enviaban. Miré al capitán Julius con ojos expectantes. El capitán usó una mano para sostener el plato y la otra para sostener la cuchara de plata. Y entonces…

¿Va a comérselo él solo?

¡Arghhh! ¡Se lo está comiendo! ¡Realmente se lo está comiendo solo! Bueno, nunca dijo que lo había traído para mí, pero… realmente se lo está comiendo solo.

—Se está tardando.

—No debería tardar mucho más.

Lo fulminé con la mirada por estarse comiendo el pudin él solo y seguidamente me levanté de mi asiento.

—Capitán Julius.

— ¿Qué?

—Yo también quiero.

¡No te lo comas solo! ¡Dame un poco a mí también! El capitán Julius me miró por un instante, seguidamente tomó una cucharada de pudín y me la ofreció. Comí el pudín de la cuchara con gusto. ¡Oh! Está…

— ¡Exquisito!

—La chef Ira es realmente talentosa.

— ¿La chef del cuartel?

—Sí.

Mmm, parece que debería considerar ser miembro de la unidad de tareas especiales como una opción para mi futuro trabajo. El chef del cuartel de los paladines nunca usaría ingredientes caros como azúcar o chocolate, ni aunque fuera golpeado hasta la muerte. Para ser más precisos, no podía usarlos. ¡Los de finanzas eran unos tacaños! El capitán Julius tomó una cucharada de pudín para él mismo y después me ofreció una a mí.

— ¡Por favor, añade una bola de chocolate!

Una bola redonda de chocolate fue colocada sobre la cuchara. Mmm, había una fruta seca adentro. ¿Era una ciruela? ¡Qué sabroso! ¡Exquisitooo!

Mientras el capitán Julius y yo disfrutábamos comiéndonos el pudín, entró el ayudante Ortzen. Traía muchas cosas consigo. Cuando nos vio al capitán Julius y a mí, se sorprendió por lo que vio.

— ¿Que están haciendo?

—Estamos comiendo pudín.

—Eso lo sé con sólo mirar. El problema es que ambos están usando la misma cuchara y que además… Ah… olvídenlo.

El asistente Ortzen no terminó su oración y sólo suspiró.

¿Qué le pasará?

—Señorita Epheria, le he traído un vestido nuevo, así que vaya a cambiárselo.

—Le estoy infinitamente agradecida.

Me entregó las cosas que llevaba consigo mientras decía: Déjeme recordarle esto… La señorita debe cambiarse en la otra habitación.

—Eso ya lo sé, ¿sabes?

Ya no era una niña. Ya sabía al menos eso. Me dirigí hasta detrás de los biombos que dividían el vestuario y empecé a revisar las cosas que me había entregado. Había traído todo lo necesario, un vestido, ropa interior, un par de zapatos y algunos accesorios… Ah, no había ningún corsé. ¿Se había dado cuenta de que no llevaba uno puesto?

Todas las cosas eran de la más alta calidad.

Aunque no ha pasado mucho tiempo desde que comencé a usar el vestido, ya había visto todo tipo de vestidos, así que podía ver las diferencias. Las telas y encajes utilizados eran costosas. ¡Sin mencionar que las piedras preciosas utilizadas en la gargantilla y en el brazalete eran exóticas! ¿Tenían un presupuesto ilimitado? ¿O tal vez era que el asistente Ortzen y el capitán Julius eran ricos? El vestido era mucho más caro que los míos. Esto era bastante vergonzoso tomando en cuenta que yo era la hija mayor de un conde acaudalado. Bueno, todo se debía a que me había visto abandonada por la familia.

Tan pronto como terminé de cambiarme y regresé, el asistente Ortzen comenzó a hablar.

—Será difícil celebrar una fiesta de compromiso dentro de la mansión del conde.

— ¿Fiesta de compromiso?

— ¿Necesitamos una?

El capitán Julius y yo miramos extrañados al asistente Ortzen. Este por su parte asintió con la cabeza como si implicara que eso era un hecho.

— ¿No creen que sería una buena oportunidad? Podríamos obtener más información sobre las personas asociadas con el conde.

— ¿Cree que podrían haber cómplices?

—Así es. La señorita no creerá que el conde lo hizo todo él solo, ¿verdad?

Bueno, eso no era necesariamente falso. Como mínimo la familia de la condesa también estaba involucrada. Por lo que había escuchado, su familia no podía ser subestimada.

—Sería mejor celebrar la fiesta en la mansión del conde, pero si eso no puede hacerse, podríamos simplemente pedir prestado el salón del palacio. Oh, cierto, señorita Epheria. No hay necesidad de que sea tan formal cuando hable conmigo. Después de todo, la señorita es la prometida del capitán.

—Oh, entiendo. Eso haré.

—Vaya, se adapta rápido.

Bueno, de todos modos estoy más acostumbrada a hablar informalmente. Hablando de eso, ¿realmente teníamos que ir tan lejos como para tener una fiesta de compromiso? ¿Por qué siento que el problema se ha vuelto más grande?

—La señorita podría decir que se enamoró del capitán cuando este fue a ayudarte como motivo del compromiso. No hace falta decir que la familia del conde seguirá alerta sin importar la razón que les dé.

El asistente Ortzen nos explicó los detalles de su plan. Mientras tanto, el capitán Julius y yo sólo podíamos mirarlo fijamente. Tratábamos de fingir que entendíamos lo que estaba diciendo. No era nuestra culpa que fuéramos mejores usando nuestros puños que nuestras cabezas.

— ¡Oh, cierto! Para el símbolo de nuestro compromiso es suficiente con Cali…

—Denegado.

Tsk. Como esperaba, es imposible, ¿eh?

—Entonces, ¿podrían darme algún arma para autodefensa? Es posible que desde esta noche mi bondadosa madrastra mandé a algunos rufianes para que se encarguen de mí.

Dado que había sido absuelta de todos los cargos, era probable que decidiera tomar medidas extremas. Dicho esto, estaría más segura llevando al menos un arma conmigo.

—Muy bien. Puede elegir una de la armería. Capitán, por favor guíe a la señorita Epheria.

—Bien.

—Sólo darle un arma no es suficiente. También debe escoltarla de regreso a casa.

— ¿Escoltarla?

—Así es. Y cuando regrese, me aseguraré de enseñarle personalmente cómo es que debe tratar a una dama que se ha convertido en su prometida.

—Eso…

—Me aseguraré de que no pueda escaparse.

Uhh… me sentía mal por el capitán Julius. Lucía claramente deprimido y yo no podía hacer nada porque meterme en ese tipo de problemas me daba miedo. Para ser honesta, yo misma poseía cero conocimientos sobre modales de dama. No tenía idea de cómo actuar como una verdadera dama aristócrata. Por lo menos debería pedirle a Sofía que me enseñara lo básico. Después de todo ella servía a una señorita noble, por lo que debería saber más que yo.

Pasó mucho rato en lo que escuchábamos los consejos mezclados con regaños de Ortzen. Por fin el capitán Julius y yo éramos libres y podíamos abandonar la habitación.

Dos tipos diferentes de pisadas podían ser escuchadas dentro del largo corredor. Fruncí el ceño ante la incomodidad que sentía en mis pies. La causa de mi malestar provenía de los zapatos que me había dado Ortzen. Todos los zapatos caros se centraban más en tener un diseño sofisticado por lo que sus tacones eran demasiado altos, lo que los hacía incómodos de usar. Aparte de eso…

Al parecer, mi cuerpo era demasiado pequeño.

La diferencia entre los pasos del capitán Julius y los míos era demasiado grande. Sin ir más allá, yo necesitaba dar tres pasos para ajustarme a dos suyos. Además de que un caballero caminaba mucho más rápido que la gente ordinaria. Había muchas ocasiones en que los caballeros comenzaban a caminar más rápido de forma inconsciente porque esto ya se había convertido en un hábito para ellos. Ah, nuestra distancia se había ampliado mientras me encontraba perdida en mis pensamientos. Necesitaba caminar más rápido para no quedarme atrás.

Tap. Tap. Tap. Tap.

Los tacones producían un pequeño sonido cuando corría. Apreciaba los regalos pero parecía que no estaba hecha para usar tacones. Era doloroso cuando corría. Además de que era una molestia siempre tener que usar poder sagrado para fortalecer mis pies. No sólo era molesto, sino que podría surgir un nuevo problema si un clérigo de alto nivel me veía y se preguntaba ¿cómo puede usar poder sagrado cuando no es una clériga? Preferiría usar zapatos cómodos que poner excusas tontas sólo para responder a ese tipo de preguntas.

Mientras corría tras él, el capitán Julius detuvo sus pasos repentinamente. Se giró un poco y me miró mientras inclinaba un poco la cabeza.

— ¿Debería llevarla en brazos?

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Fairelle: Hay algo que siempre me causa gracia y eso son las extremas diferencias entre novela y manwha. Aquí se describe la habitación apegada al baño como el típico vestidor de escuela estadounidense, pero en el manwha la muestran como una sala ultra lujosa. Me hace preguntarme si la escritora tuvo que pasar por muchos problemas porque algunas descripciones no coincidían con la época en la que estaba ambientada la historia.

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