Soñemos Juntas, Yuri

Capítulo 5

Sonámbulo.

Un paciente que experimentaba sonambulismo, también conocido como caminar dormido.

Esta era una condición en la cual el aquejado se levantaba de la cama durante el sueño y deambulaba inconscientemente. Era un tipo de trastorno del sueño.

Esto fue lo que aprendió Saya cuando lo buscó más tarde, pero de lo que hablaba Ran Aizome no parecía una simple reunión de personas con trastornos del sueño.

—Los sonámbulos actuamos en secreto para proteger a las personas mientras duermen. Esto no es ampliamente conocido, pero el sueño de la humanidad es amenazado por los suiju.

—Suiju… —Murmuró Saya.

—La cosa que derrotaste en tu sueño. Se escribe con el kanji sui, que significa dormir y el kanji ju, que significa bestia.

—Hey, Ran, —interrumpió Hitsuji. —Sabes que no deberías tirarle toda esta información de una sola vez. Saya se congelará.

—No nos va a creer fácilmente, así que en lugar de intentar hacerlo de a poco, es mejor decírselo todo de una vez.

— ¿No es eso un poco agresivo? —Preguntó Hitsuji.

—Esta es la chica que besó a una completa extraña de la nada, —señaló Ran.

—Supongo que tienes un punto.

— ¡Oye! —Saya intentó objetar, pero Ran continuó despreocupadamente.

—Es el deber de un sonámbulo el derrotar a los suiju, pero cada uno de nosotros tiene diferentes roles para los que somos adecuados. Probablemente tengas el potencial de ser un insomne. Son los pocos que no se ven afectados por los sueños porque nunca duermen, lo que los convierte en un activo valioso en la batalla contra los suiju. Dicho esto, Hokage… ¿No trabajarías con nosotras?

—To-Todo esto es tan repentino.

Como si hubiera anticipado la negativa de Saya, Ran asintió al instante.

—Sí, por supuesto. Es demasiado pedir que nos creas y tampoco pretendo dedicar tiempo a persuadirte. Si cambias de opinión, ven aquí.

Dicho esto, Ran le pasó una tarjeta de puntos impresa en papel grueso. En esta estaba escrito el nombre de una tienda, Camas y Colchones Sakaimori, junto con su dirección y número de teléfono.

— ¿Podrías levantarte un poco? Quiero doblar la manta, —dijo Hitsuji, sin dejar de mirar la tarjeta.

—Oh, claro…

Después de que Saya se pusiera de pie como le habían pedido, Hitsuji procedió a doblar su manta con una técnica impecable y la levantó.

Ran sonrió levemente, dirigiéndose a Saya.

—Bueno, siéntete libre de dormir. Si es que puedes, quiero decir.

Dejándola con lo que sonaba como una amenaza, Ran Aizome se giró para irse.

—Todo nuestro grupo estará allí mañana. Nos vemos.

Hitsuji siguió a Ran, dejando a Saya sola en la azotea.

— ¿Qué pasa con ella…? —Murmuró Saya.

Mientras estaba allí, sintiéndose levemente humillada, la campana resonó por la azotea. Mirando el reloj, Saya se dio cuenta de que el sexto período había terminado.

~ ~

Al día siguiente, después de la escuela, Saya caminaba hacia la tienda de camas y colchones cuyo nombre estaba escrito en la tarjeta de puntos que le habían dado.

Al final, no había podido dormir ayer. Era frustrante, pero las cosas salieron exactamente como Ran Aizome había predicho. Saya estaba tan aquejada por el insomnio como siempre y, no sólo era incapaz de alcanzar el profundo sueño que había probado junto a Hitsuji, sino que ni siquiera podía dormitar.

Si cooperas con nosotras, creo que podemos proporcionarte un sueño reparador. Esas palabras de Ran carecían de credibilidad por sí mismas, pero si Hitsuji estaba con ella, eso era algo completamente diferente.

Dejando a un lado toda esa sospechosa conversación sobre suijus y sonámbulos, ese dulce y hermoso sueño era una realidad. Como si se aferraran desesperadamente a esto, los pies de Saya la condujeron hacia la dirección indicada en la tarjeta.

Por lo que había podido encontrar en línea, Camas y Colchones Sakaimori, de hecho, existía. Intentó llamar con anticipación, pero el teléfono seguía sonando sin siquiera ir a un contestador automático.

Con la dirección como su guía, caminó mientras miraba el mapa de su teléfono, gradualmente terminando en un área de la ciudad cada vez más desierta.

— ¿Es este realmente el camino correcto…?

Después de pasar por una oscura calle comercial bordeada de tiendas cerradas, llegó a un desierto bloque de almacenes donde ocasionalmente pasaba un gran camión, casi tocando la acera. Caminando bajo un cielo nublado, su preocupación crecía cada vez más.

¿Voy a estar bien? Esto no se siente bien. Quiero decir, ¿eh? Aquello de lo que estaban hablando ayer… ¿Qué era eso? ¿Sonámbulos? ¿Es ese su… universo de fantasía?

¿Es de un juego que realmente les gusta…? ¿Cómo de algún juego de rol? Bueno, pueden hacer lo que quieran, pero yo no estoy realmente interesada. Si no puedo solucionar mi insomnio, tendré mayores problemas. Ella quiere que coopere… pero ¿cómo, exactamente? ¿Realmente podré dormir bien? Si sólo estaba inventando cosas, no voy a dejar que se salga con la suya.

Pero todo el asunto del beso no es algo bueno. Ahora tienen un sucio secreto mío…

Saya, quien había estado pensando sombríamente mientras caminaba, levantó la cabeza y miró a su alrededor.

Aunque no era tan diferente de los edificios circundantes, un gran almacén con un techo negro llamó su atención. Parecía que ese era el destino marcado en su mapa. La persiana de la entrada estaba bajada y el concreto en el estacionamiento frente al edificio estaba lleno de grietas con malezas que crecían entre medio. Al lado de la persiana había una pequeña puerta con un letrero que decía Camas y Colchones Sakaimori.

Se acercó a la puerta e intentó hacerse una idea del lugar. Había una ventana de cristal por la que podía mirar, pero el interior estaba demasiado oscuro como para que pudiera ver bien.

Había un intercomunicador junto a la puerta, así que después de un momento de vacilación, Saya intentó llamar.

No hubo respuesta y tampoco había señales de que hubiera alguien en el interior.

Cuando intentó probar a girar el pomo de la puerta, esta se abrió.

—Disculpen…

Llamando tímidamente, dio un paso adentro.

— ¿Holaaaa…?

Al otro lado de la puerta había un corto pasillo. Armarios metálicos, plantas muertas en macetas y una estufa de aceite cubierta de polvo empotrada contra una de las paredes. En el lado izquierdo del pasillo había una puerta corredera que conducía al área con la entrada para autos.

Mientras estaba entrecerrando los ojos y buscando un interruptor de la luz, alguien habló a sus espaldas.

— ¡Saya!

Dio un brinco por la sorpresa. Girándose para mirar, vio a Hitsuji Konparu parada en la entrada. En el momento en que vio la cara de Saya, los ojos de Hitsuji se abrieron de par en par.

— ¡Woah! ¡Tu cara se ve horrible!

— ¡¿Eh?!

Ese insulto tan natural enojó a Saya. Hitsuji extendió la mano y presionó el interruptor de la luz, como si estuviera acostumbrada a hacerlo. Con las luces ahora encendidas, escudriñó la cara de Saya una vez más.

—Tienes unas ojeras bastante profundas. ¿No pudiste dormir?

— ¿Ayer escuchaste mi historia y todavía preguntas eso? No he dormido desde hace mucho, ¡¿de acuerdo?!

—Parecías mucho más relajada después de dormir conmigo.

Diciendo eso como si no fuera la gran cosa, Hitsuji pasó junto a Saya y entró. La puerta se cerró detrás de las dos.

—Me alegro de que hayas venido. Por lo general, cuando intentamos reclutar a una chica como tú, no nos creen.

—Yo tampoco les creo…

En algún punto, Hitsuji sacó una llave y la usó para abrir la puerta corrediza.

—Ayúdame. Esta puerta es pesada.

—Uh, vale.

Con la ayuda de Saya, las dos abrieron la pesada puerta. Una vez que la puerta se abrió con un sonido retumbante, Hitsuji entró en la oscuridad y activó otro interruptor.

Comenzando con las más cercanas a ellas, las luces que colgaban del alto techo empezaron a parpadear.

Era como una exposición comercial de camas y colchones o, si no fuera así, algo así como un parque temático. El enorme almacén estaba lleno de camas, futones, hamacas y más, todos de varios tamaños y distribuidos de tal manera que había una cierta distancia entre cada uno.

Hitsuji guió a Saya mientras caminaban entre las camas y los colchones.

— ¿Qué tal? Apuesto a que nunca habías visto algo así. —Hitsuji sonaba un poco orgullosa.

—Sí lo he hecho.

— ¿Eh? ¿Dónde?

—En el departamento de camas y colchones del IKEA.

Hitsuji frunció sus labios.

—No eres para nada adorable, Saya.

—Bueno, perdón.

Aunque continuaron caminando, las hileras de camas y colchones no mostraban signos de terminar e incluso Saya se vio obligada a admitir la impresionante escala del lugar. Cuando finalmente llegaron al final, se encontraron con estantes con colchones y mantas que se alzaban hasta el techo y formaban una pared que se interponía en su camino.

Mientras caminaban por los pasillos entre los estantes, lo que hacía que Saya se sintiera como si hubiera entrado en un laberinto, de repente salieron a un área más abierta. En el centro de ese espacio, rodeado de cuatro estantes, había tres camas alineadas. Las mesitas de noche tenían lámparas de lectura, mangas y libros de texto sobre ellas y a poca distancia había bolsas de dulces en la mesita de centro de un juego de sofás. En la esquina, había una estufa de gas y un fregadero, junto con un refrigerador y un armario para la vajilla.

—El baño está por allá. —Hitsuji señaló el borde del estante a su derecha y luego tomó una taza de la mesita de centro. Arrojando su bolso sobre el sofá, comenzó a lavar la taza en el fregadero.

—Saya, ¿podrías poner la tetera?

— ¿Eh?

—Tomemos té mientras esperamos a que vengan las demás. También tenemos café.

—Bueno…

Puso agua en la tetera que estaba encima de la estufa y encendió la llama. Había hojas de té y café instantáneo en una cesta sobre la mesa.

—Usa lo que quieras.

Tomando la oferta de Hitsuji, eligió el té de manzanilla. Era un té de hierbas que había escuchado que era bueno para dormir… No es que las cantidades copiosas de las cosas que había consumido en casa hubieran hecho nada más que hacerla sentir un poco mejor.

La tetera comenzó a silbar, así que puso la bolsita de té en la teterita para el té y vertió el agua. Hitsuji, mientras tanto, estaba poniendo galletas de arroz en una caja de dulces de madera.

— ¿Galletas glaseadas? —Preguntó Saya.

—Son dulces y saladas, así que van bien con casi todo.

Una vez que Saya sirvió té para las dos, la fragancia de las hierbas llenó el aire. La taza de Hitsuji era de color dorado con un personaje de cordero dibujado. La taza de Saya posiblemente estaba destinada a los visitantes, porque era de un blanco insulso. Sentía que había visto unas como esta que se vendían a bajo precio en IKEA.

Incapaz de soportar el silencio que se había formado mientras se miraban entre ellas, bebiendo té en el sofá, Saya habló.

— ¿Qué es este lugar?

—Nuestro dormitorio. Y nuestro lugar de trabajo.

—Por trabajo, quieres decir como… sonámbulas, ¿verdad?

—Sí, eso. Incluso ganamos dinero a veces, por lo que realmente es un trabajo.

Saya estaba sorprendida y sus ojos recorrieron la habitación una vez más. Si era cierto que sólo estaban jugando, entonces este lugar era demasiado.

—Entonces, es cierto. Uh, sobre el suiju y todo lo demás.

—Por supuesto.

—O-Oh, ¿de veras?

—Te ves preocupada, —dijo Hitsuji en broma.

Por un momento, Saya consideró responderle algo, pero era cierto que no tenía idea de lo que estaba pasando y eso la preocupaba. Cuando Saya bajó la cabeza, Hitsuji continuó en un tono algo más gentil.

—Cuando todas estén aquí, te lo explicaremos más detalladamente. No te preocupes

Mientras masticaba una galleta de arroz glaseada por falta de algo mejor que hacer, eventualmente escucharon pasos acercándose desde algún lugar lejano en el almacén.

No mucho después, una chica salió del laberinto de estanterías. Era una chica de aspecto tranquilo que usaba anteojos y vestía ropa casual.

—Ohh, lo siento, llego tarde… Espera, ¿sólo están ustedes dos?

—No hay necesidad de entrar en pánico, gerente, —dijo Hitsuji.

—Konparu, hoy llegas temprano… ¿Eh? ¿Quién es ella?

—Uh, Hola…

—Esta chica es Saya. Es una insomne y es una candidata para convertirse en una nueva miembro del equipo.

— ¡Oh, ya veo! Encantada de conocerte. Soy Midori Sakaimori. —La chica inclinó apresuradamente la cabeza.

— ¿Sabes? Midori, es la heredera de esta tienda de camas y colchones. Por eso la llamamos gerente.

¿Por ser la gerente de la tienda?

El siguiente sonido que escucharon acercarse fue de algo rodando por el concreto.

Cuando la siguiente persona entró, era una chica con una cola de caballo. Llevaba el uniforme de otra escuela con una parka encima. Cuando Saya se dio cuenta de que llevaba zapatos con ruedas, del tipo que tenía una rueda incrustada en la suela bajo el talón, se sorprendió un poco. Estaban a la moda cuando estaba en la escuela primaria, pero esta era la primera vez que veía a alguien en la escuela secundaria que todavía los usaba.

—Buenas. ¿Eh, un nuevo miembro?

—Síp, así es. Saya, esta chica es…

—Kaede Tokishima. Encantada de conocerte.

Apenas se había presentado cuando Ran Aizome emergió de otro pasillo.

—Parece que todas ya están aquí.

— ¡Ahh!

Mientras las otras cuatro, incluyendo a Saya, gritaban sorprendidas, Ran se sentó en el sofá con una mirada impasible en su rostro. Por la sensación que las otras chicas alrededor de la mesa estaban emitiendo, Saya se dio cuenta. Ran era la jefa de este equipo.

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