Soñemos Juntas, Yuri

Capítulo 4

Hoy no había viento y el cielo estaba completamente despejado. La luz del sol era cálida y suave. Si se recostaba al sol por un rato, no se quemaría y no pescaría un resfriado. En otras palabras, era el día ideal para tomar una siesta.

En este bendito clima, al lado de la valla que rodeaba el techo, dormía Hitsuji Konparu.

Estaba acostada de tal manera que la sombra le caía sobre el rostro y el sol brillaba sobre sus pies. Había una manta sobre la mitad inferior de su cuerpo y su esponjoso cabello caía en cascada sobre la almohada debajo de su cabeza.

—Está aquí, —murmuró Saya, entonces volvió a sus sentidos y miró a su alrededor; no encontró ningún rastro del suiju. Le preocupaba no saber qué había sido eso, pero en estos momentos Saya no poseía la compostura para seguir preocupándose por ello.

Cruzando la azotea, inconscientemente caminó de puntillas hacia la dormida Hitsuji Konparu.

Cuando se acercó, sintió que algo la atraía.

Como la cama que te tentaba a seguir durmiendo por la mañana. O como la comodidad de un escondite para dormir. Esto ya no era sólo su imaginación. La fuerza de atracción se estaba haciendo más fuerte.

Sus párpados se volvieron pesados. Sus pensamientos perdieron cohesión y sólo el deseo de acostarse junto a la chica predominaba en su cabeza…

Oh, lo sabía.

Es esto. Es esto lo que me atrapó.

Realmente tiene que ser ella. Si es ella, puede arrastrarme a dormir.

Con cada paso, el sueño se acercaba, el sueño reparador que Saya anhelaba más que nada.

De repente, detrás de ella se escuchó el sonido de una puerta cerrándose.

Después de pegar un brinco y darse la vuelta, vio a una estudiante de cabello corto; La insignia de la escuela en el pecho de su uniforme la marcaba como una alumna de tercer año. Dirigiendo una mirada penetrante en dirección a Saya, abrió la boca.

— ¿Quién eres? ¿Qué estás haciendo aquí?

Su brusquedad hizo que Saya se parara de golpe. Con sus sentidos entorpecidos, una respuesta instantánea estaba fuera de discusión.

Tal vez cada vez más impacientada por los mmm y ehh sin sentido de Saya, la de tercer año parecía caminar de manera directa hacia ella, sólo para interponerse entre Saya y Hitsuji Konparu.

—Vete.

—Eh, no, —respondió Saya.

—Deberías estar en clase ahora, ¿no? Date prisa.

Podría decirte lo mismo, fue el pensamiento que cruzó por la mente de Saya, pero discutir en su estado adormilado requeriría demasiado esfuerzo. Moviendo su torpe lengua, Saya habló.

—Estaba… buscándola.

— ¿Por qué?

— Quiero… quiero dormir con ella.

Sus pies se movieron por su propia voluntad y su cuerpo tropezó hacia adelante.

— ¿Eh? ¿Qué estás…? ¡Hey!

La de tercer año aparentemente trató de detenerla, pero Saya apenas se dio cuenta. La forma horizontal de Hitsuji Konparu era como un agujero negro del sueño. Cuando se acercó con dos, tres pasos más, una ola de sueño la golpeó. Como un lobo con piel de cordero abriendo de repente sus fauces, la somnolencia rápidamente se apoderó de Saya y la atrajo.

¡Sabía que era ella…!

Mientras estaba acostada junto a Hitsuji Konparu, Saya se sintió conmovida por un fuerte sentimiento similar a la satisfacción de un momento de brillantez.

Cuando se arrodilló al borde de la manta, antes de acostarse, la conciencia de Saya ya había sido tragada por la oscuridad.

~ ~

Los pasillos del hospital estaban congestionados y muchas personas estaban sentadas en los bancos de cuero contra las paredes, esperando su turno. Mientras me abría paso entre la multitud, nadie me prestaba atención. Las paredes estaban cubiertas de carteles sobre la prevención de la propagación de infecciones y decían que siempre deberías hacer gárgaras con café después de despertarte de una pesadilla. Había una larga fila frente a la máquina expendedora de café y después de hacer gárgaras, los niños escupían su café en el fregadero adjunto.

Al abrir la puerta de la sala de examinación, mi amante, vistiendo un uniforme de enfermera, asomó la cabeza.

—Siguiente, —indicó antes de notarme. —Oh, llegas tarde, —dijo con una sonrisa y la abracé y le di un beso, como siempre.

—No sabes a café, —dijo mi amante en un tono acusador una vez que nuestros labios se separaron.

—Eso es porque nunca en mi vida he tomado café.

—Eso es peligroso. Allí, mira.

Mi amante señaló detrás de mí. Cuando me volteé, todos los pacientes ya se habían ido y el suiju de varias piernas se acercaba por el blanco pasillo.

—Fue atraído hasta aquí, hasta tu sueño. Vuelve. Yo me ocuparé de él.

—Está bien, —dije. —Puedo lidiar con uno como este.

Boté un pilar amarillo frente al suiju, sus patas crujían mientras las movía, acercándose a nosotras. Cuando puse una moneda en la máquina expendedora, salió café caliente y se lo arrojé, con taza y todo, al suiju. Este colapsó y se desparramó por el suelo.

— ¿Cómo estuve? —Pregunté.

Cuando me di vuelta, bastante orgullosa de mí mismo, mi amante me dirigió una mirada escrutiñadora. A mi pesar, fui cautivada por sus resplandecientes ojos.

—Tú… ¿Quién eres? —Hitsuji Konbaru preguntó con el ceño fruncido.

~ ~

— ¡¿Aahh?!

Al despertar sobresaltada, lo primero que vio Saya fue el rostro de Hitsuji Konparu, quien estaba encima de ella y miraba hacia abajo.

El afecto que había sentido en el sueño se estaba desvaneciendo, como la última luz del sol poniente. Hitsuji Konparu la miraba con una expresión inmutable, su cabeza ligeramente inclinada hacia un lado. Saya abrió la boca tímidamente.

—H-Hey.

— ¿Heeeey?

Al Hituji Konparu responder de esa manera, Saya no tenía idea de lo que estaba pensando y se encogió.

—Mm… ¿Me puedo levantar?

— ¡Bueeeeenos días!

—B-Buenos días…

Daba un poco de miedo. La de tercer año entró en el campo de visión de la confundida Saya.

—Saya Hokage.

— ¿Eh? ¡Sí!

¿Cómo sabe mi nombre? Saya comenzó a preguntarse, seguidamente notó su credencial de estudiante en la mano de la de tercer año.

—Hokage de la clase 2-C, número de lista N°30. ¿Puedo pedirte que expliques por qué viniste hasta aquí?

Aunque había dicho, ¿puedo pedirte? Su tono no era el de alguien que estuviera pidiendo algo.

—Devuelve eso.

—Lo haré una vez que respondas mis preguntas. Este es un interrogatorio.

— ¿Un interrogatorio?

Hitsuji Konparu se acercó, mirándola directamente al rostro.

—Entonces, tu nombre es Saya, ¿eh? ¿Nos hemos visto en alguna parte antes?

—Una vez, en la enfermería…

Sus ojos vagaron por sus recuerdos por un breve momento, antes de que Hitsuji Konparu juntara sus manos.

— ¡Ohh! ¡La de aquella vez!

—S-Sí.

— ¡La chica que me besó de la nada!

Saya no pudo encontrar una sola excusa en respuesta a esa repentina bola rápida.

—Uh, uh, eso fue, mm…

— ¿Te besó…? ¿Qué quieres decir? —La de tercer año frunció el ceño dubitativamente.

— ¡Lo… lo siento! Saya se cubrió el rostro con ambas manos. Con alguien encima de ella y sin forma de escapar, eso era todo lo que podía hacer.

~ ~

— Ya veo… Tu insomnio era bastante malo, —dijo la de tercer año después de escuchar a Saya explicar su situación mientras se encontraba arrodillada. — ¿Y dices que estás bien ahora?

—Sí… Por alguna razón, cuando Konparu está a mi lado, me duermo a la velocidad de la luz.

—Puedes llamarme Hitsuji. Yo te llamaré Saya.

— ¿Eh? No puedo tratarte tan familiarmente tan rápidamente como si fuéramos extranjeros.

Hitsuji entrecerró los ojos ante la ligeramente perturbada Saya.

— ¿Aunque me besaste?

—Urkh.

—Ni siquiera los extranjeros besan a las personas que acaban de conocer, ¿sabes?

—Urrrrkh.

—Podrían recibir un disparo, ¿verdad? —Intervino la de tercer año.

—Sí. O demandada.

—Dije que lo sentía, ¿bien?

Sin saber cómo lidiar con una sonriente Hitsuji, Saya estaba perdida.

Hitsuji de repente adquirió un tono de voz muy cortés.

—El jugador negro, Konparu, ataca con dormir juntas.

— ¿Eh?

—El jugador blanco, Hokage, ataca con besar.

—Guh.

Hitsuji continuó con una expresión demasiado seria en su rostro, como si anunciara los movimientos de un partido de ajedrez.

—El jugador negro, Konparu, ataca con dormir la siesta. El jugador blanco, Hokage, ataca con escabullirse en la cama de su objetivo por la noche.

—Ni-Ni siquiera es de noche aún.

Con la respiración dificultosa y las cada vez más desesperadas excusas de Saya, que apenas podían llamarse así, la de tercer año debe haberse apiadado de ella, porque decidió intervenir.

—Konparu, dejémoslo así. Hokage, tú también. No te preocupes demasiado.

—Pero…

—Eras cercana a Konparu en el sueño, ¿verdad?

—S-Sí. Aunque nunca nos habíamos visto antes.

—Entiendo. En la brecha entre la tierra de los sueños y la tierra de la vigilia, ese tipo de inconsistencias pueden ocurrir a veces.

— ¿Có-Cómo?

Mientras Saya se encontraba desconcertada por estas súbitas declaraciones sin sentido, esta vez fue la de tercer año quien acercó su rostro al de Saya.

—Hay una serie de cosas sobre las que quiero preguntarte en detalle. Hokage, ¿cómo te sientes?

Ella se sentía… bien. Increíble, en realidad. Sólo había sido una breve siesta, pero su mente estaba despejada.

—Me siento muy bien. No estoy para nada cansada.

— ¿Durante cuánto tiempo has sufrido de insomnio?

—Comenzó gradualmente el otoño pasado, hasta que no pude dormir en absoluto… Entonces, ¿supongo que durante unos seis meses?

— ¡Seis meses!

— ¡¿Medio año?! Wow, eso es duro. —Los ojos de Hitsuji estaban muy abiertos.

—Si ha durado tanto tiempo, tu nivel cognitivo debería haberse degradado hasta el punto en que apenas pudieras manejar tu estilo de vida cotidiano. Y, sin embargo, ¿aun así venias a la escuela diariamente?

—Apenas podía seguir caminando y hablando… No podía seguir las clases y mis notas se derrumbaron.

Las dos se miraron la una a la otra.

—Esta chica… es una insomne, ¿verdad?

—Yo también estaba pensando eso. Konparu, ¿qué piensas después de dormir con ella?

—No fue perfecto, pero parecía poder actuar con lucidez en la tierra de los sueños. Me sorprendí cuando derrotó al suiju.

—Mm… ¿De qué están hablando?

Volvieron a mirar a Saya, observándola como si la estuvieran evaluando.

— ¿Quieres intentar invitarla? —Preguntó Hitsuji, viendo cómo se encogía Saya.

— ¿Estás segura? ¿Es eso lo que quieres, Konparu?

Hitsuji asintió con la cabeza.

—Bueno. —La de tercer año devolvió la credencial de estudiante robada de Saya, a la vez que le decía su nombre. —Soy Ran Aizome. Una sonámbula, como Konparu.

— ¿Sonám…bula?

Al ver la confusión de Saya, Ran Aizome procedió a explicar.

—Creo que tienes potencial. Probablemente también seas una rara insomne. ¿Qué piensas de esto? Si cooperas con nosotros, creo que podemos proporcionarte un sueño reparador.

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